Jesus manso y humilde de corazon

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  Magdalena Sofía con huérfanos en el Trastevere (Archivos Villa Lante)

El primer texto de las Constituciones, que se nos dio traducido a las diversas lenguas, trae un índice de todas las referencias escriturísticas que se encuentran en las Constituciones de 1822. Son increíblemente numerosas: algunas del Antiguo Testamento, entre las cuales bastantes de los salmos y muchísimas del Nuevo Testamento.

Sofía conoció muy a fondo la Sagrada Escritura, gracias a su hermano Luis, y estas referencias prueban hasta qué punto la Palabra de Dios era su vida.

Sin embargo, hay solamente siete citas textuales. Todas del Nuevo Testamento, señalando de este modo una elección importante. De ellas dos veces está: “Aprenda de mi que soy mando y humilde de corazón” (Mateo 11,29). La primera vez se le dice a la novicia, la segunda a la Madre general, es decir, es una actitud que debe estar siempre presente en nuestra vida.

Esto nos abre un camino de espiritualidad, que fue recogido en nuestras Constituciones de 1982, igualmente de modo textual en el Nº 8 de Fin y Misión. Hoy quisiera invitarlas a  reflexionar este tema desde sus bases bíblicas.

Algunos textos sobre la humildad y la mansedumbre en el Antiguo Testamento.

Los Libros sapienciales recomiendan esta actitud: Así nos dice Proverbios:” Corazón apacible es salud para el cuerpo, la envida corroe los huesos”  (30,14); “Mejor es ser humilde con los pobres que compartir botín con los soberbios” (16,19); “Mas vale hombre paciente que valiente, mejor dominarse que conquistar ciudades” (16,32). Y leemos en el Eclesiástico: “ Hijo, actúa con dulzura en todo lo que hagas y te querrán más que al hombre generoso. Cuanto más grande seas, más debes humillarte, y alcanzarás el favor del Señor, pero son los humildes quienes le glorifican” (3,17 – 20).

Hay un salmo que repite cinco veces que “los humildes poseerán la tierra” (Salmo 37(36) versículos 9;11;22;29;34). La bienaventuranza de San Mateo está basada en este texto.

Se dice en Números 12,3 que “Moisés era un hombre muy humilde, mas que hombre alguno sobre la faz de la tierra”. Pero los textos que más hacen resaltar el deseo de Yahvé de que seamos humildes y mansos, son los profetas. Así dice Miqueas al hombre que se pregunta cómo desagraviar a Yahvé por su pecado: “ Se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé quiere de ti: tan sólo respetar el derecho, amar la lealtad y caminar humildemente con tu Dios” (6,8). Y en el capítulo final de Isaías leemos: “Los cielos son mi trono y al tierra la alfombre de mis pies. Pues ¿ qué casa me van a edificar o lugar de reposo ,si el universo lo hizo mi mano  y todo vino al ser? Pues en esto he de fijarme: en el mísero, pobre de espíritu y en el que tiembla a mi palabra” (66,2).

Algunos textos del Nuevo Testamento

En Mateo está el texto central de este reflexión, cuando dice Jesús:” Vengan mi los que están fatigados y sobrecargados y yo les daré descanso. Tomen sobre Uds. mi yugo ya aprendan de mi que soy manso y humilde de corazón y hallarán descanso para sus almas” (11,28 – 30).

Pero antes de detenernos en los textos que trae San Mateo es bueno ver cómo estas virtudes se recomiendan en las cartas apostólicas.

En le Primera Carta los Corintios, en el himno de la caridad, se da mucho relieve a las virtudes relacionadas con la humildad y mansedumbre: “La caridad es paciente, es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.” (1 Corintios 13,4 – 7).

En Filipenses hay una apremiante exhortación de San Pablo al amor y la comunión: “... colmen mi alegría teniendo  un mismo sentir, un mismo amor...nada hagan por ambición, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando a los demás como superiores a uno mismo, sin buscar el propio interés sino el de los demás. Tengan entre Uds. los mismos sentimientos que Cristo: el cual, siendo de condición divina no codició ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz....”
(Filipenses 4,1 – 11).

Semejante es el texto de Efesios 4,1 – 6, donde, pidiendo a los fieles que vivan de modo digno de la vocación a la cual han sido llamados, dice entre otros consejos: “ con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándose unos a tros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz...”

Y en Colosenses exhorta igualmente: “ Revístanse, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándose unos a otros y perdonándose mutuamente si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor los perdonó, perdónense también Uds....” (3,12 – 13).

La Carta de Santiago nos dice: “ ...que cada uno sea diligente para escuchar y tardo para hablar, tardo para la ira. Porque la ira del hombre no realiza la justicia de Dios” (1,19 – 20). Y en la Primera Carta de San Pedro: “ ...tengan todos los mismos sentimientos, sean compasivos, ámense como hermanos, sean misericordiosos y humildes”... (3,8).

Los mansos en el evangelio de San Mateo.

Como se vio en el texto fundamental de esta consideración, Jesús es el modelo de la actitud hacia los demás y nos llama a aprender de él. Pero también  se presenta a Jesús, según las palabras del profeta, “ he aquí que tu rey viene a ti, manso y montado en un asna..”  precisamente cuando entra a Jerusalén como rey mesiánico.

Estos dos textos que nos muestran a Jesús manso y humilde nos dan, no sólo el ejemplo, sino  la gracia para vivir las bienaventuranzas, que encabezan todas las afirmaciones del cumplimiento de la ley del  discurso evangélico, el primero de los cinco que nos presenta San Mateo.

Como hemos visto en los textos de las cartas, la mansedumbre, como actitud propia del cristiano, viene con frecuencia en el Nuevo Testamento; no sí el adjetivo “ manso”. Además de estos tres textos de San Mateo sólo aparece una vez más en la Primera carta de San Pedro. El término griego “ praus”, traducido por manso, humilde u otra palabra equivalente, como sucede en la primera Carta de Pedro 3,4.

“ Manso”, nos dice un estudio bíblico de Carmen Bernabé, se suele definir por sus contrarios: bronco, duro violento, furioso o brutal. La mansedumbre posee cierta connotación de ser víctima de las acciones violentas de otro. Y los antiguos consideraban “ la cólera” como una pasión lógica y necesaria después de sufrir una afrenta. En el contexto cultural en el cual se escribe el Evangelio, el honor llevaba a vivir en permanente desafío a los demás para mantenerlo y ganarlo; la mansedumbre no era, precisamente, una virtud apreciada en esa sociedad.

También en nuestra sociedad actual priman la prepotencia, al agresividad, la venganza. El tipo de persona, que se nos presenta como deseable, es el triunfador que consigue sus fines con cualquier medio y sabe sacar partido de sus privilegios, con lo cual la vida se convierte en una lucha continua.

Mateo pone en las bienaventuranzas el comportamiento y la actitud que se espera de los miembros de la comunidad cristiana, lo cual se ve en el discurso evangélico por el uso repetido del término “ hermano”. La justicia que se pide a los miembros de la comunidad es “ la justicia” que los va a diferenciar de los demás, sobre todo de los fariseos. Y el modelo de esta actitud es Jesús, del cual se dice dos veces en este Evangelio que  es “ manso”.

Jesús es también, el ejemplo de la forma de “ poseer la tierra”. Para los judíos, el monte tenía connotaciones escatológicas: la primera vez que Jesús aparece en un monte, es en el episodio de las tentaciones donde rechaza el camino y los medios que no son los de Dios. Al final es en un monte, después de haber pasado por la cruz, cuando declara que todo poder se le ha dado en el cielo y en la tierra. Y en medio está la bienaventuranza con la promesa.

El discípulo, la discípula, son llamados a una actitud “ contra cultural” en una actitud que es justicia y que es la única forma de construir el Reino de Dios

Magdalena Sofía vivió estas actitudes del Corazón de Jesús, las plasmó en sus Constituciones y las aconseja incansablemente en sus conferencias y cartas. Que ella nos conceda la gracia de vivir este rasgo del Corazón de Jesús, que nos debe caracterizar como Religiosas del Sagrado Corazón.

Margarita María Hurtado
Provincia de Chile


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