Un intercambio de cartas entre Filipina y Sofía

  • En este sitio se encontraba el convento de madera con cinco habitaciones, que se había completado a los mediados de marzo 1842.

 

De Ph. Duchesne a M.S. Barat a Paris

S.C.J.M.

Tribu y aldea Potawatomi

21 de julio 1841

Confiada a S. Antonio de Padua

Muy venerada Madre:

Al fin estamos en la tierra tan deseada. Partimos de San Luis con el Padre [Verhaegen] Provincial, quien reemplaza a Mons. Rosati en todo lo que no es propio de un Obispo, y otros dos Padres. Viajamos primero por agua, saliendo muy temprano de San Pedro, después de haber recibido la visita y la bendición del obispo de Natchez, quien tendrá, más dificultades que nosotros. Acá las hay cuando uno se ocupa demasiado del mañana. 

La tribu, expulsada de los bordes del Michigan por los Americanos, así como muchas otras, es mitad católica, formando una aldea separada de los paganos que se convierten poco a poco. Una vez que se bautizan, dejan del todo la borrachera y el robo, lo que se encuentra lo ponen a la puerta de la iglesia para que sea reconocido por su propietario. 

Ninguna casa se cierra, y nunca falta nada. Por la mañana ellos se reúnen en grupos para la oración, la misa y la instrucción. Por la tarde van nuevamente a orar, y comen siete veces al día. Hasta el momento el párroco no está de acuerdo que se enseñe otra lengua a los niños, teme que se corrompan. Aún tendremos que ver eso. Él insiste sobre todo en el trabajo manual, pues hombres y mujeres duermen una parte del día y en silencio, llenan nuestra casa que es como una de las de ellos…

Nuestras pertenencias no han llegado todavía, lo que me obliga a usar papel ordinario. Estuve enferma, con una debilidad de cabeza que nunca he experimentado antes. Ella me disculpa por esta carta verdadera en su contenido, pero con algunas exageraciones.

 

De M.S. Barat a  Ph. Duchese a Sugar Creek

SS.C.J. et M.

Paris, 23 de agosto 1841

Con qué consuelo, querida Madre y antigua hija, he recibido su carta, sin fecha, sellada en la aldea Potowatomi. Por fin Ud. ha llegado a esas tierras salvajes, objeto de sus largos y ardientes deseos. Jesús quiera conservárselos y darle los medios de hacer ahí el bien. Nosotras les mandamos algunos objetos a través de las que parten, poco dinero, porque los medios se consumen… Me gustaría ponerla en mi lugar. Ud. Rezará por los donantes. Los objetos que recibirán vienen de un pobre obrero de tejido y su hermana costurera. Cada uno de ellos ha donado un duro, precio de sus sudores… Haga rezar a los pequeños salvajes por todas nosotras.

Estoy disgustada de que vuestra casa sea sólo una cabaña. Jesús las ayudará. Me parece que ustedes han partido demasiado pronto: el próximo año hubiera bastado; pero nuestro buen maestro a permitido todo para lo mejor: tenga confianza…

Reciba la seguridad de mi tierno e inalterable afecto con el que me es tan dulce decir, querida Madre e hija,

Vuestra devota Madre 

Barat, Superiora general

 

De Ph. Duchesne a M.S. Barat

SS. C. J. M.

Sugar Creek, Potawatomi

22 de septiembre 1841

Mi muy respetada Madre :

El bien se hará acá tan lentamente como lo permita el humor apático  de los Salvajes. Por lo demás los niños son buenos y en general inteligentes; ellos pueden aprender fácilmente, pero ponen poco interés, y tenemos que cuidarnos de no hacerles reproches, sino de atraerlos por la amistad. Muchos jefes de pequeñas tribus vecinas traerían a sus hijos, pero cómo los podremos mantener ?

Para nosotras mismas tendríamos muchas dificultades, sin la ayuda de las buenas vacas de los misioneros cuya leche podría bastar para nuestra alimentación. Yo les atribuyo la recuperación de mis fuerzas, porque cada día voy dos veces a la iglesia sin ninguna ayuda.  Todas mis hermanas también se encuentran mejor. La Hermana O’Connor ya no tiene migrañas y la Hermana Luisa parece infatigable y con buen apetito, a ella el tocino le parece pollo.

Tres personas son suficientes para el trabajo, y temo que los niños, que ya han disminuído, sean un número pequeño en tiempos de frío y de malos caminos.

Quiera bendecirme mi digna Madre, y créame ser vuestra devota hija. 

P. Duchesne rel. du S. C.

Para una breve introducción a Filipina Duchesne, haga clic aquí.

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