Marina di Polto

Mi padre me decía haber pedido a mi madre darle: “primero un niño, después una niña.” ¡Y así fue!
 
He nacido en Niterói, cuando esa era la capital de Rio de Janeiro. Ciudad tranquila que nos permitía jugar en la calle, hacer amistades, pasear junto al mar. Por haber nacido cerca del mar me han dado el nombre de Marina.

Mi padre era italiano, nacido en Bélgica por casualidad. Vino a Brasil a los 25 años y acá se quedó, haciendo venir después a su madre, abuela y hermanos. De él he heredado la organización mental, el gusto por los  números y matemática, el buen humor y un ”qué” chistoso!

Mi madre … una mezcla en su familia. Abuelos alemánes-portugueses, madre brasileña pero educada en Alemania, padre inglés (de origen irlandés), ella misma brasileña pero educada en Austria (Sacré Coeur en Riedenburg), finalmente casada con un italiano. De ella he heredado la Fe, la oración en todos los sitios y momentos, el amor a los pobres, la pasión de anunciar el Evangelio deseando que todos/as se dejasen encontrar por Dios.

¿Mi hermano? Buen compañero de juegos, amigo en todos los momentos. Y eso hasta hoy día, lo que es uno de los mejores regalos de mi vida.

A los diez años cambiamos de ciudad y, en Rio de Janeiro, entré al Sacré-Coeur de Morro da Graça.  Encontré un ambiente de “familia”, no solamente de escuela. He gozado muchísimo en los ocho años allí vividos, pasando después a la Universidad, cursando la Pedagogía.

¿De donde vino la vocación para la vida religiosa? Tengo que decir que a los siete años yo decía querer ser “mamá”, tener ocho hijos. Llegué a elegir los nombres, que fueron a parar en las muñecas.

 
También me gustaba la idea de ser profesora/educadora. Otra vez más entraron en eso las muñecas, alumnas que me daban poco trabajo.
Más tarde me invitaron a ser catequista en nuestra “Escuela” y en la Parroquia. He gozado inmensamente en eso.

Creo que el Señor aprovechó mis atractivos: maternidad/ educación/ catequesis  y los juntó regalándome la vocación para seguirLe en la Sociedad de Su corazón.

 
Enfrentando a mi padre, que no aceptó esa decisión y no me habló por siete años, con apoyo de mi madre, segura de que era eso lo que Dios quería de mí, además apasionada por Jesús, entré al Noviciado en Belo Horizonte a los 21 años.

En estos 51 años en la Sociedad he trabajado en distintas áreas y ciudades: Educación, Pastoral, Catequesis, Ejercicios Espirituales, Formación, Economato, Liderazgo.

Al volver a Brasil, después de 5 años en Roma, me encuentré otra vez en el Economato y luego me pidieron ser provincial.

Distintos trabajos, variados servicios…pero siempre

-    la alegría como telón de fondo
-    Jesús como centro y inspirador de de mi vida.

A Él y a la Sociedad van mi gratitud y deseo de servir más y mejor a cada día!

 
 
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