Ahondar en el misterio de María, Nuestra Madre, con la ayuda de Sofía

Magdalena Sofía recibió en su infancia y juventud la transmisión de una delicada e intensa devoción a María, tal como era vivida en la Iglesia. A lo largo de su vida fue descubriendo especialmente, algunos rasgos del Corazón de  María y se sintió atraída por ellos.  Más aún: identifica en ellos trazos esenciales de la propia vocación, que desea que sus hijas hagan suyos. En sus cartas y conferencias se pueden descubrir estas dimensiones. Presento aquí algunos fragmentos de su pensamiento tomados de la Conferencia  sobre el Corazón de María de 1846.

El Evangelio habla muy poco de María, pero cuántas cosas hay encerradas en las pocas palabras que leemos sobre ella, y en lo que no está dicho podemos conocer aún más sobre la vida escondida y admirable de María, llamada en el designio de Dios a ser la Madre de su Hijo.  Su correspondencia y fidelidad fueron perfectas; mas ¿cómo llegó a esta perfección? Fue por la humildad y la práctica constante de la vida interior. ¡Queridas hijas qué ejemplo! Porque estas dos virtudes son el fundamento de la perfección.

Al dirigir nuestra mirada a María descubrimos en ella dos virtudes que la caracterizaron y que son las más necesarias en nuestra espiritualidad. María conocía los dones que Dios le había hecho…Al ser Madre de Dios Él le comunicó su naturaleza y en consecuencia se unió a su ser del modo más íntimo… Esta Virgen tan elevada en gloria, fue la más humilde de las criaturas… Jamás un repliegue sobre sí misma; Se desposa con un artesano y consiente en vivir ignorada y pobre con él; comprendiendo los designios de Dios, acepta esta vida de pobreza y humildad.

Todo os llegará con el espíritu interior, pues podemos decir aquí lo que le Escritura dice de la Sabiduría, ya que el espíritu interior es el que la otorga: “todos los bienes me vinieron con ella” (Sb 7,11) este espíritu es el que nos obtiene la gracia para conservarla y adquirir todas las virtudes que nos faltan.

Feliz el alma que se dedica a adquirir este espíritu interior. Es verdaderamente “el árbol que da fruto en su sazón” (S. 1,3)  Fijémonos bien que no da fruto inmediatamente,… pero si persevera en su trabajo no tardará en producir su fruto.

 – Fragmentos de una Conferencia de Santa Magdalena Sofía sobre el Corazón de María. 1846 ( Roehampton 1900)

 

Mª Luz Galván, rscj


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