Isabel Rocha

  • Isabel Rocha rscj (foto tomada durante la Probación en Roma)

Nací al noreste de Uruguay en la ciudad de Melo. Soy la mayor de cuatro hermanos. A pesar de que vivimos ahora en lugares diferentes, estamos siempre en contacto. Mi mama falleció hace 18 años y mi padre sigue viviendo en Melo. Tengo un vínculo muy lindo con mi abuela y mis tres tías, con quien crecí y que fueron muy contenedoras.

Desde pequeña y sin saberlo, fui una niña muy contemplativa. Me recuerdo rezando sentada en el piso alrededor de los 5 años, me sentaba en silencio y pasaba horas, silencio y encuentro que se fortaleció con los años.  Alrededor de los 17 años comencé la práctica del yoga donde fui sumergiéndome más en el silencio y la contemplación.  Me fui formando durante varios años y hasta ahora sigo practicando y transmitiendo.

Desde muy pequeña íbamos con mis hermanos a la Capilla de mi barrio, donde me sentía muy a gusto, siempre participaba de la catequesis y eucaristías cada domingo. Aunque no entendía mucho, había algo que me llenaba, me hacia bien.  Pero cuando tenía 11 años, sucedieron algunos acontecimientos que me afectaron mucho y me enojé y alejé de la Iglesia.

A pesar de que estuve alejada de la Iglesia mi relación con Dios siempre estuvo intacta:  fue siempre mi fortaleza y mi guía, siempre llevándome a vivir en la verdad y a los más frágiles. Como respuesta, he trabajado con niños con capacidades diferentes, con adultos mayores ancianos, jóvenes mujeres embarazadas, en clínica psiquiátrica, en colegios….. He trabajado como voluntaria, desde los 12 años, prestando otros servicios a niños y familias en barrios carenciados, o en hogares de ancianos.

Había siempre en mi interior el deseo de buscar la voluntad de Dios. Desde pequeña repetía mucho la frase: “Lo único que me interesa es hacer tu voluntad.” Tuve la gracia de experimentar el inmenso amor de Dios para conmigo. Sentir el latido de Dios y del Mundo dentro de mí es para mi la realidad más cercana.  

Me reconcilie con la Iglesia siendo ya adulta.  Recuerdo la primera vez que entre luego de tantos años a una Iglesia, en la Parroquia San Francisco de Asís:  sentí que regresaba a mi casa. Enseguida comencé trabajo voluntario. Me preparé para la comunión, confirmación, y ser catequista… Fue hermoso, ya que tenía un sentido muy profundo cada paso que fui dando. 

Comencé a sentir nuevamente el llamado a la vida religiosa, llamado que había sentido siendo yo muy pequeña a los 7 años, a esta edad yo tenía la certeza, de que había nacido para Dios. Comencé la búsqueda, acompañada por un sacerdote amigo, y conocí algunas congregaciones. Después de un retiro largo en un monasterio que me atraía mucho, sentí que Dios me quería vivir entre la gente, mesclada con el pueblo. 

Así conocí en Montevideo a las religiosas del Sagrado Corazón. La primera vez que fui a visitarlas a la comunidad El Talar, sentí el corazón latir muy fuerte y tuve inmediatamente la certeza que era ahí donde Jesús me quería. Me sentí como en mi casa, donde podía ser yo misma, el lugar donde Jesús me invita a vivir desde el corazón, caminando con El y en comunidad, en medio de los pobres. Me acompañe un tiempo con una de las hermanas y comencé a visitarlas, yendo una vez por semana, en la cual me sume en las actividades y comencé a dar yoga a un grupo de mujeres. Luego de varios meses comencé mi experiencia con ellas en la ciudad de Salto y poco a poco se me iba reconfirmando que Dios me quería ahí.

Viaje a Argentina, donde comencé mí tiempo de Nazaret (noviciado) y terminando el noviciado fui a vivir al norte de Argentina en Reconquista. Dos años después, junto con Analía y Marta, abrimos una nueva comunidad en un barrio periférico de Montevideo en donde viví tres años y unos meses.

Durante cinco meses en 2017 viví mi experiencia internacional en India, lugar que llevo en el corazón desde muy pequeña y donde experimente una unión muy honda con el corazón de Jesús. 

Hice la profesión perpetua el 28 de Febrero de 2018 en Roma en donde gocé, compartí, junto a tan queridas hermanas. 

Hoy, después de 9 años, he regresado a la Ciudad de Salto (Uruguay), viviendo con Viviana y Ana, mis dos hermanas y compañeras de camino.

 
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