Rosa Vásquez RSCJ: Un primer mes en Haití

Rosa, María del Valle, Marta, and Pablo. In front: Josefa

Balan, 24 de abril de 2022

Estar en Haití me parece aún una aventura, pero es tan cierto que cada día descubro un nuevo aprendizaje, una experiencia de Dios que por donde ponga el oído, la mirada, voy encontrando su rostro, su presencia sufriente y también colmada de vida.

Llevo un poco más de un mes de estar en este país, llegué el 13 de marzo y me parece que ya pasó más tiempo, he tenido una bonita acogida de mis hermanas y me siento en casa. Los niños, las maestras y la gente de este pueblo me han hecho sentir en casa con una acogida cálida.

El pueblo donde estamos, se llama Balan, está al oeste de Puerto Príncipe, Capital de Haití. Es un pueblo pequeño, rural, muy pobre y muy cerca de la frontera con Santo Domingo.

La mayor parte de la gente es evangélica, ¡católicos contaditos! con ellos se tiene la liturgia de la Palabra los días domingos, que se hace en creol, allí comulgamos, es una experiencia muy rica y profunda, los que vienen participan activamente en toda la celebración, se siente muy viva la presencia de Dios.

La presencia de la comunidad en este pueblo es realmente corta, estamos casi cinco años. Antes de que las hermanas llegaran, estuvo otra congregación de hermanas de “Santa Ana”, ellas sufrieron un asalto aquí y tuvieron que dejar este lugar.

En comunidad, somos cuatro: Josefa (Puerto Rico) ella apoya en el centro de Salud, Martha (Chile) directora de la escuela, María del Valle (España) directora del centro de Salud y yo – Rosa- que apoyo en el preescolar. Además está Pablo que es un hermano Jesuita chileno, él es médico que comparte la vida y misión con nosotras por un año, se quedará hasta agosto. Matilde (España) está en este momento en España y ella desde allí apoya el proyecto de la red de los colegios de Fe Alegría junto con los Jesuitas.

A pesar de las condiciones de precariedad de este lugar, siento que es un pueblo bendecido, porque en medio de esta desolación se cuenta con una escuela, un centro de salud y una universidad (metodista libre) a unos cuantos metros de donde vivimos y algunos estudiantes de esta universidad hacen prácticas o brindan servicios, tanto en la escuela como en el centro de salud. La relación es buena.

En cuanto a la situación del país, es un país golpeado en todo aspecto; la pobreza, la situación política, la seguridad, son problemas latentes. Pero, en este contexto difícil estamos aquí sumando, dando lo que tenemos entre manos para seguir generando vida y esperanza. Me da tanta alegría escuchar de la gente de este pueblo, que las hermanas son “Un referente” para ellos y ellos  cuidan de nosotras, gesto lindo que nos hace sentir protegidas.

En este pueblo y en los de alrededor, no se cuenta con los servicios básicos; no tienen luz eléctrica, el agua que adquieren es gracias a un proyecto de la escuela de “Fe Alegría”, y cuentan con el mínimo, además tienen que comprarla. Nosotras gracias a Dios, contamos con alumbrado eléctrico por paneles solares y el agua por recojo de la lluvia en reservorios, así que se cuida al máximo y aquí “todo sirve”. El internet es muy muy malo, es una suerte coger línea para enviar el mensaje, es una de las pobrezas de vivir ahora, donde la comunicación virtual tecnológica para nosotras es una limitación, pero no una condición que nos limite a la misión.

La misión que tenemos aquí es en el campo de la educación y  la salud. La escuelita, es de “Fe Alegría” y es privada, tiene 15 años de funcionamiento. Tiene dos niveles: preescolar y fundamental, con un promedio de 200 niños que asisten a esta escuela. Hay mucho por trabajar en la formación de maestros y niños; la precariedad de la enseñanza y la violencia de los niños, es un escenario que me afecta mucho. La mayoríad e maestros que enseñan, sólo tienen los estudios básicos concluidos. Dos o tres son los que tienen la formación pedagógica. Martha hace todo lo posible para mejorar el nivel de la educación, pero hay mucha resistencia  por parte de los docentes, es algo difícil de lograr. Lo que sí es un logro, es que nuestros niños reciban el almuerzo y para muchos es la única comida del día, es alto el nivel de desnutrición infantil y contar con los alimentos es una bendición.

El Centro de salud es una bendición,  se pone mucho esfuerzo y trabajo, es un centro que ahora cuenta con cuatro médicos, dos son haitianos, y María del Valle rscj y Pablo sj. El centro está muy bien implementado  y cuenta con una buena organización en la atención y en los servicios que se brinda. Cuenta con especialidades: medicina general, pediatría, programa de rehabilitación física, atención a las  mujeres embarazadas y a los bebés. También tiene laboratorio, farmacia y todo lo que pueda ayudar en salud. Este centro es el primer proyecto construido por las RSCJ, en este lugar, este es un proyecto reciente, cuenta con 4 años de creación y  tiene mucha acogida, asiste mucha gente.

Actualmente estoy  apoyando en el preescolar, en lo que puedo. Por el momento me dedico a implementar y habilitar una sala didáctica, en el que los niños puedan interactuar y poner en relación  sus aprendizajes con los materiales didácticos. El idioma es una limitación por ahora para mí, pero el lenguaje del corazón es muy importante, mi pobre inglés me sirve mucho pues es el medio para comunicarme con el coordinador del nivel. Mi aprendizaje de creol va siendo lento, pero voy poniendo en práctica con los niños y maestras lo que voy aprendiendo las  clases, además los niños son mis mejores maestros.

El trabajo es intenso, aquí cada día es único, la planificación se da en el día a día; es una oportunidad para acoger la novedad de la vida desde otras miradas.

En todo lo que voy viviendo y experimentando, hay cosas en las que me gustaría sumar al sueño de las hermanas, de manera especial en el campo de la educación para que la enseñanza de los primeros años se haga en Creole, además ayudar a programar y diseñar algunas estrategias de enseñanza para los niños con las maestras.

El vivir en un lugar apartado, ayuda a que una aprenda de todo, cada hermana pone su don al servicio y es una riqueza el complementarnos.

Me siento bendecida de estar compartiendo la vida en este lugar, en esta misión; el solo hecho de estar acá, ya es otra frontera, no solo por estar en otro país fuera del mío, sino por vivir en otra cultura, con una lengua diferente. Haití es un país sufrido, empobrecido, violentado; estoy convencida que Dios toca la vida con entrañas de madre y sigue dando vida para levantarlo. La esperanza motiva a colaborar en esta misión.

Gracias a la provincia de la Antillas por acogerme y a mi provincia de Perú, por permitirme contribuir en esta hermosa misión. 

Rosa Vasquez RSCJ


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