El desafío de respuesta a los desastres en Asia

Photo by Lydia Collado rscj (PHI)

Asia es un área propensa a catástrofes naturales. Una publicación reciente sobre el Cambio climático en Asia (Climate Change in Asia) muestra que la región seguirá siendo vulnerable a terremotos y sequías, tifones, tsunami, e inundaciones.

Los desastres piden una respuesta que puede tomar formas diferentes: emergencia o trabajos de socorro, reconstrucción o rehabilitación, mitigación o prevención, y estado de preparación para enfrentar desastres. Aquí está una guía provechosa para entender estos diferentes "definiciones de desastre" (“disaster definitions.”)

Estando en Asia, somos confrontadas ahora por esta realidad con más frecuencia. Tratamos de responder  de manera pequeña y limitada.

Hace menos de un año, por ejemplo, el 25 de abril de 2015, un terremoto de 7.8 grados de magnitud sacudió el corazón de Katmandú, Nepal, matando a más de 9,000 personas, hiriendo a más de 23,000, y reduciendo a escombros casas, infraestructura y monumentos culturales irremplazables.

 
De la Provincia de India, la hermana Sophia Nelliekunnel rscj, una trabajadora medico-social que pertenece a la comunidad de Patna, que es el lugar más cercano Katmandú, participó en trabajos de socorro inmediatos.
 
La hermana Sofía Nellikunnel rscj (en la furgoneta) con tres hermanas de Notre Dame
descargando materiales de ayuda.

A continuación hay extractos de su cuenta:

El 4 de mayo, compré 200 piezas de material para tiendas (tela de lona). El 5 de mayo, hacia las 4:00 am., nuestro equipo de tres – la hermana Shaila SND, don Francisco el conductor de ambulancia y yo – partimos en nuestra ambulancia-hospital para la frontera de Nepal. Nuestro objetivo era evaluar la situación allí y entregar los bienes a los padres de CST de Katmandú. Ellos vendrían a Rexaul para recoger los materiales, porque nosotros no pudimos conseguir el permiso de cruzar la frontera ni tampoco podíamos llevar el equipo médico. Llegamos a la oficina de aduanas de Rexaul antes de las 12 del mediodía. ¡El camino de Motihari a Rexaul era patético y estaba roto, lleno del polvo y piedras! Nos tomó tres horas para recorrer solo 56 kilómetros. También había un embotellamiento del tráfico. El vehículo enviado por los Padres y algunas Hermanas de Notre Dame que vinieron para ayudarnos estuvieron esperando por más de una hora en el calor de mediodía. El calor  insoportable de mayo era horriblemente fatigoso e hizo nuestro trabajo sumamente difícil. Para hacer la historia corta, entregamos los bienes y luego nos quedamos esa tarde con las Hermanas de Notre Dame que tienen un convento, un dispensario y una escuela cerca. El 6 de mayo, dejamos ese lugar hacia las 4:00 am, y llegamos a salvo a Patna por la tarde…..

Fue una experiencia valiosa para mí… Al final de este viaje a Nepal me dije: " No puedo controlar el largo de mi vida, pero puedo controlar y contribuir a su anchura, profundidad y altura". Que durante este año de la Vida Consagrada [y ahora el Año de la Misericordia], podamos ser sensibles al susurro del desesperado, la súplica del olvidado y el grito del angustiado.

 

Del Distrito de Filipinas, las hermanas Lydia Collado rscj y Sandra Clemente rscj fueron a Katmandú en septiembre de 2015 a facilitar el entrenamiento de monitores de Primeros Auxilios Psicológicos a petición de la Fundación Asiática de Recursos (ARF) en Nepal. Aunque el entrenamiento se llevó a cabo cinco meses después del desastre, fue muy relevante para los 30 participantes cuidadosamente escogidos que vinieron de diferentes organizaciones no gubernamentales, agencias nacionales de servicio, o redes de comunidades de base.

      
La hermana Sandra Clemente rscj (sentada, 1er desde la izquierda) y la hermana Lydia Collado rscj (en la blusa blanca)
en Katmandú para llevar un taller de  Primeros Auxilios Psicológicos .
 
A continuación hay extractos de la reflexión de Lydia después del entrenamiento:

Como Nepal, Filipinas ha compartido desastres que cobraron vidas y causaron destrucción. Esta experiencia compartida me animó a aceptar la invitación de ir allí. Comencé el taller con estas palabras: " Nosotros también somos un pueblo herido… entonces podemos estar unidos y encontrar vida en nuestras heridas. Venimos de tradiciones de fe diferentes (Hinduismo, Budismo, Islam, Cristianismo), pero nuestro dolor y sufrimiento puede ser la lengua que podemos usar para comprendernos mejor unos a otros. Entraremos en un proceso psicológico, pero al final, buscaremos una sanación integrada que sólo puede venir de Dios, independientemente del nombre con que podamos llamar a nuestro Dios. Esperamos que este entrenamiento sea un lugar para nosotros para compartir nuestra humanidad común, y entender, aprender, y cuidar unos de otros en amor y compasión".

Después del entrenamiento, los participantes dijeron que ellos fueron capaces de tratar, soltar, y entender su propio trauma, y ahora sentirse más listos para comenzar un camino más profundo y más claro hacia la sanación. Mientras ellos nos expresaban su gratitud, Sandra y yo nos sentimos más bendecidas y agradecidas, sobre todo por el privilegio de habernos permitido compartir su ser heridos. Fue para nosotras la experiencia de entrar en el Corazón de Jesús, donde toda nuestra herida encuentra significado y sanación. Verdaderamente, de Su herida brotó vida y amor…

 
Como cada vez más los desastres amenazan a nuestra región, nos preguntamos: ¿Cuán listas y preparadas estamos para responder a esta realidad desafiante?
 
 

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