Maribel Carceller
Pienso que desde el principio de mi querer ser religiosa, estuvo también el deseo de ser misionera. Recuerdo vívidamente ese momento íntimo cuando recibí mi primera comunión y, con mi corazón ardiendo, decía a Jesús que acababa de recibir que me daría enteramente a él y sería misionera más allá de las fronteras de mi país, en tierras lejanas. Más tarde identifiqué esa tierra lejana con África. ¡Iba a ir, amar y servir en África! Sí, así es como Jesús me atrajo.